domingo, 25 de noviembre de 2007

Nostalgia de la Picuriña

El comentario realizado por una visitante anónima al post sobre el Fuerte de la Picuriña, es de tal calidad humana, y está también escrito, que me creo en la obligación de no sólo agradecerlo, como ya hice, sino de ponerlo como un nuevo mensaje del blog, para disfrute de los lectores, y como reconocimiento a su autora.
Anónimo ha dejado un nuevo comentario en su entrada "Fuerte de la Picuriña, pasado y presente":

"Nací en la ciuadad de Badajoz en abril del año 1970.Toda mi infancia y adolescencia transcurrieron en mi querido e inolvidado barrio de la Picuriña. El fuerte, la murralla como la conocíamos vulgarmente los vecinos, eran el diario centro de nuestros juegos infantiles. ¿Quién de nosotros, niños extremeños de los años setenta y ochentas, no extrajo de los muros del fortín balas de plomo pertenecientes a unos enfrentamientos bélicos que sólo se hallaban ya en los regsitros históricos?¿Qué sabe un niño de guerras de siglos pasados?Yo extraía balas cono quien sacaba canicas...Anexa a la muralla se encontraba El Cerro. Ese cerro que albergó también en los años setenta chabolas que sumbieron a un incendio que yo no recuerdo; pero que mis mayores me recordaron durante mi ñiñez.Ese Cerro fue demolido en los años ochenta. Un día se presentaron las máquinas excavadoras y comenzaron la retirada del Cerro. Y cuál no fue la sorpresa que bajo ese Cerro aparecieron ¡tumbas con esqueletos! Unos restos humanos que parece ser eran vestigios visigodos. Sí, bajo el fortín -El Cerro- de la Picuriña se asentaba sobre los restos de otra antiquísima cultura hispánica y extremeña.Recuerdo cómo en una de las tumbas mi hermano sacó un anillo de los restos humanos. La policía le quitaron la joya... el museo arqueológico se hizo dueño...Pero no sólo se halló tumbas visigodas tras la acción de la excavadoras: auténticas balas de cañón asomaban por doquier cada tres o cuatro metros. Unas enormes bolas de hierro que sin ninguna duda pertenecían a de la Independencia. La mayoría de esas "bolas" fueron vendidas por los vecinos a la chatarrería. El futuro de esas bolas lo desconozco.Cuánto lamento haber sido una niña durante ese evento. Hoy soy una mujer de 37 años amante de la arqueología, la historia de los pueblos y la búsqueda de la verdad humana. Hoy por hoy no hubiera dejado que un puñado de vecinos vendieran la historia a la chatarrería...
Te quiero Picuriña. Nunca te olvidaré. Qizá algún día seas el título de mi primer libro..."

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Saludos, Picuriña, pacenses, extremeños, españoles y resto del mundo...

Yo soy la anónima que aquel 25 de noviembre del año 2007 dio rienda suelta a mi nostalgia y a las memorias de mi niñez en mi barrio -inolvidable barrio- de la Picuriña.

De niña no sabía en absoluto el porqué de ese carismático nombre. ¿Quién nos iba a decir que los niños del barrio jugábamos en una historia pretérita -triste como todas las absurdas guerras- que las crónicas hoy día nos devuelven como Guerra de la Independencia?

Como dije en mi primer comentario, recuerdo que en esos juegos de mi niñez me iba a la zona que conocíamos como "la muralla" y extraía bolas de plomo que estaban incrustadas en ésta. Yo las iba echando en una bolsita de plástico intuyendo, a pesar de mi ignorancia, que eran vestigios de HISTORIA que el ser humano nunca debe de olvidar. Alguna vez que otra, en esa búsqueda de reliquias pretéritas por mi barrio y tan inusual en niños de 10-12 años, hallé también alguna que otra moneda romana. Recuerdo cómo no aquel día que llegaron las excavadoras y derruyeron el tan famoso cerro que sirvió de juegos y hospitalidad a muchos Picuriñenses... Y cuál no fue la sorpresa que la historia, cómplice ese día de las excavadoras, se asomó mostrando al barrio y a Badajoz los vestigios de otra cultura a través de tumbas visigodas: ¿quién nos iba a decir que bajo el "Cerro" de la Picuriña la historia del hombre tenía también otros estratos llamados visigodos? Como ven, los hombres y mujeres, culturas tras culturas, vivimos historias que, como me decía una amiga, son como viñetas de tebeos que escribimos nosotros mismos para la historia futura de nuestros descendientes. El mayor don dicen que es el de la curiosidad; conocer nuestro pasado se antoja importantísimo para entender nuestro presente y forjar futuros...

Pasado, presente y futuro siempre tendrán un factor común: hombres y mujeres dispuestos, poco a poco, a hacer un mundo más humano y mejor, lejos de guerras absurdas como fue por ejemplo la de la Independencia...


Enhorabuena por tu tan necesario y magnífico blog hacia buscadores de la historia y la verdad humana como es mi caso. Espero que todos los niños de mi ciudad natal reciban mayor cultura porque es la GRAN BASE de una cimentación evolutivamente fuerte para un gran ciudad como es Badajoz.

Saludos, Badajoz, Picuriña, Extremadura...

M. Jaramillo

Anónimo dijo...

Os dejo el primer comentario que hice pero corrigiendo errores gramaticales; lo hice rápido y surgieron algunos de éstos.

Nací en la ciudad de Badajoz en abril del año 1970.Toda mi infancia y adolescencia transcurrieron en mi querido e inolvidado barrio de la Picuriña. El fuerte, la murralla como la conocíamos vulgarmente los vecinos, eran el diario centro de nuestros juegos infantiles. ¿Quién de nosotros, niños extremeños de los años setenta y ochenta, no extrajo de los muros del fortín balas de plomo pertenecientes a unos enfrentamientos bélicos que sólo se hallaban ya en los registros históricos?¿Qué sabe un niño de guerras de siglos pasados?Yo extraía balas cono quien sacaba canicas...Anexa a la muralla se encontraba "El Cerro". Ese Cerro que albergó también en los años setenta chabolas que sucumbieron a un incendio que yo no recuerdo; pero mis mayores me lo recordaron durante mi niñez. Ese Cerro fue demolido en los años ochenta. Un día se presentaron las máquinas excavadoras y comenzaron la retirada del Cerro; y cuál no fue la sorpresa que bajo ese "Cerro" aparecieron ¡tumbas con esqueletos! Unos restos humanos que parece ser eran vestigios visigodos. Sí, bajo el fortín -El Cerro- de la Picuriña se asentaban los restos de otra antiquísima cultura hispánica y extremeña. Recuerdo cómo en una de las tumbas mi hermano sacó un anillo de los restos humanos. La policía le quitó la joya...: el museo arqueológico se hizo dueño y no es para menos... Pero no sólo se halló tumbas visigodas tras la acción de la excavadoras: auténticas balas de cañón asomaban por doquier cada tres o cuatro metros. Unas enormes bolas de hierro que sin ninguna duda pertenecían a la "Guerra de la Independencia". La mayoría de esas "bolas" fueron vendidas por los vecinos a la chatarrería. El futuro de esas bolas lo desconozco.Cuánto lamento haber sido una niña durante ese evento. Hoy soy una mujer de 37 años amante de la arqueología, la historia de los pueblos y la búsqueda de la verdad humana. Hoy por hoy no hubiera dejado que un puñado de vecinos vendieran la historia a la chatarrería...

Te quiero, Picuriña. Nunca te olvidaré. Quizá algún día seas el título de mi primer libro..."